Personas que montan negocios han existido toda la vida. Siempre ha habido gente que ha preferido o le ha encontrado más sentido a buscarse un modus vivendi con su propia actividad que no a ganarse las habichuelas trabajando por cuenta ajena. Y estos hombres y mujeres, como todos sabemos, eran-y son aún- los llamados “hombres de negocios” o “empresarios”, pero ninguno de ellos había recibido el apelativo de emprendedores. ¿Será que la iniciativa emprendedora, de la que se habla tanto hoy en día, no es tan novedosa y moderna como creíamos?, ¿es tan solo el emprendedor un empresario un poco más innovador? O, por el contario, ¿el término emprendedor, haciendo de distintivo, aporta un diferencial de significado per se respecto a la concepción de empresario?

Vamos a poner las ideas en orden. Lo que está claro es que actualmente el emprendedor se cotiza como un valor en alza, mientras que la figura del empresario –o aquello a lo que se le asocia- está sufriendo cierto desprestigio. Quizás se deba a que cada vez más tendemos a transversalizar nuestros modos de trabajo y, en este sentido, el término emprendedor abarca capacidades y habilidades de campos diversos. Y es que el emprendimiento, como concepto y como praxis, no se limita al mundo empresarial, puesto que es perfectamente factible poner en marcha iniciativas emprendedoras en investigación, política… O incluso en la gestión del funcionamiento del propio hogar. Si el emprendimiento es innovación y la innovación no conoce barreras, el emprendimiento tampoco debería hacerlo.

Que el emprendedor debe ser innovador, es algo es intrínseco en su definición. Pero si además de innovador llega a ser “inventor”, mucho mejor. Leonardo Da Vinci, en su siglo XV, podría haber sido considerado un emprendedor multifacético. O Cristóbal Colón. Pero el emprendedor tiene que poder transformar esa innovación en negocio y es en esa vertiente más pragmática donde la línea conceptual que separa el emprendedor del empresario se vuelve más fina. Ambos arriesgan su capital en pro del negocio, aunque el enfoque más “romántico” se lo lleva el emprendedor, el cual representa un avance respecto a la figura del empresario en su alta capacidad innovadora y pasión emprendedora.

Algunos opinan que esta nueva tendencia del emprendimiento y, sobre todo el valor que se le ha dado socialmente, solo se puede entender en un momento de búsqueda de nuevos horizontes y aprovechamiento de oportunidades, actuando como revulsivo ante la actual situación de crisis. Así nacería el emprendedor, un postempresario menos rígido, quizás incluso más asequible, que encontraría en su capacidad de generar ideas el principal motor para dar gas a sus proyectos, también limitado por el capital, pero queriéndolo rezagar a un segundo plano. Como dijo Howard H. Stevenson, profesor de Harvard, “los emprendedores son los individuos dedicados a la búsqueda de oportunidades, más allá de los recursos de que disponen”.

Y si el engranaje actual de la búsqueda de oportunidades y de la innovación son los emprendedores, estaría bien que hubieran llegado para quedarse. Todo es cuestión de tiempo. Y de fe.

Escrito por Acompany

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